jueves, 17 de mayo de 2018

Mi vida con Bergman - Capítulo 16


En febrero de 1948, Ingmar Bergman le vende a Svensk Filmindustri una “novela cinematográfica” llamada “El trompetista y Nuestro Señor” con la promesa de convertirla en un guión en la primavera siguiente, o sea para marzo o abril de dicho año. Circunstancias de distinta índole lo impidieron y la tarea recayó en Gösta Stevens y Gustaf Molander. Y el 27 de mayo de 1948, Gustaf Molander comenzó a dirigirlo, casualmente el mismo día en que Bergman iniciaba la dirección de Puerto. El rodaje de Eva se extendería casi un mes más, el de Puerto terminó el 17 de julio, mientras que el que de Eva concluyó el 6 de agosto del mismo año.


Pasa algo curioso. Eva es la tercera idea puramente bergmaniana que llega al cine, antes Alf Sjöberg había hecho Hets (El sádico, entre otros títulos que recibió en español) en el 44 y Molander había dirigido Una mujer sin rostro (Kvinna utan ansikte) en el 47 y ahora se aprestaba a internarse en Eva. O sea que por un lado a Bergman le comisionaban argumentos ajenos, principalmente obras de teatro (Puerto sería su primer film basado en prosa ficcional) mientras que por otro le compraban argumentos para que otros lo dirigieran. ¿Acaso tenían algo que ver algunas críticas adversas que había recibido en el teatro a propósito del estreno de sus piezas, que se consideraban obras promisorias a las que el director (él mismo) no les hacía justicia? Se lo reconocía como a un director teatral talentoso, lleno de ideas y recursos, pero no se lo terminaba de aceptar como un dramaturgo importante. ¿Sería ese el motivo por el que por ahora se separaba al director del autor?


Como sea, hay más de Bergman en Eva que en Puerto, más allá de que la última fuera dirigida por él, en tanto que de la primera solo llevaban su firma, la idea y el primer bosquejo. Justifica esta presunción el hecho de que Eva narra la peripecia con tintes alegóricos de un joven que aprende a amigarse con la idea de la muerte, mientras que Puerto es el drama en clave neorrealista de una joven que por amor supera su pasado. También se dice de Eva,  al igual que antes de Hets, que son películas, ante todo y por sobre todo,  más de Bergman que de Alf Sjöberg o de Gustaf Molander respectivamente. Parece ser que la fidelidad que mantuvieron con los guiones los hiciera invisibles, algo injusto por donde se lo mire.


Eva se abre con Bo, un marinero que regresa en tren a casa después de dos años en la armada. Le confiesa a su compañero de viaje que se fue con placer de su pueblo, y que regresa con el mismo placer, lo esperan su padre, su madre y su hermana. Sin embargo algo enturbia los recuerdos, un flashback nos dirá qué es. Vemos a Bo de 12 años, un maquinista le enseña a manejar una locomotora vieja, algo lógico ya que el padre de Bo es jefe de estación. En el almuerzo, el aprendizaje del manejo de la locomotora, una pelea con la hermana y unas malas contestaciones hará que padre e hijo se peleen. Bo huirá con su perra, Kay, de la casa, viaja de polizonte en un tren de carga y conoce a unos músicos, uno de ellos es padre de Marthe, una chica ciega de unos 10 años de la que Bo quedará prendado. Para presumir Bo la llevará a dar un paseo en locomotora, por desgracia por la vía por donde va está siendo reparada, y al no poder frenar a tiempo, descarrilará y matará a la niña y a su perra. Una culpa que arrastra y que no puede olvidar. Ya en su casa, después de las bienvenidas, se irá a visitar a una muchacha que lo atrae, Eva, cuyo abuelo está muriendo de una neumonía, y como Bo es trompetista le tocará una canción para que duerma. A solas con Eva, Bo confesará que hay algo que se llama “proximidad de la muerte” a la que le teme, Eva le dice que no lo haga, que no es nada terrible, el pregunta si cree en algo y Bo dice que en nada, que no siempre fue así, pero que después del accidente es un descreído, odia la muerte y le teme, ella le dice que lo superará algún día, Bo le confiesa que jamás estuvo con una mujer y Eva antepondrá Eros a Tánatos y se entregará a él y le enseñará los placeres de la carne. No veremos más que un beso, todo se sugerirá con cielos luminosos y músicas que explotan en trémolos triunfales. El abuelo de Eva morirá pacíficamente y Bo se irá. Ya en la ciudad, lo vemos que comparte un departamento con Göram y su esposa Susanne. El pobre Bo será tentado al crimen y a la lujuria por Susanne, que le propondrá que maten a Göran para ser libres de desatar la pasión que sienten por el otro. Sellarán el pacto quemando el retrato de Eva. Cuando Göran se caiga de borracho, lo encerrarán en la cocina y como hay una importante pérdida de  gas, dirán después que se trató de un accidente. Así lo hacen. Bo se despierta desesperado, pero para su sorpresa Göran está vivito y coleando, cree que se trató de una pesadilla, pero no, el retrato de Eva está quemado. Suena el timbre, es Eva que viene a rescatarlo. Pasa algún tiempo, Eva y Bo ya están casados y viven en una isla solitaria en medio del mar Báltico. El otro único habitante de la isla es un pescador maduro y viudo. Como estamos en medio de la Segunda Guerra, a la playa llegan cadáveres de las víctimas de la contienda. Un día Bo y el pescador rescatan el cadáver de un alemán y lo esconden en el cobertizo del bote para que Eva no lo vea y se perturbe porque está embarazada, pero Eva va y lo ve igual. Queda consternada ante la crueldad de la guerra, se pregunta por la utilidad de traer un hijo a un mundo tan injusto y concluye con que Dios ha muerto y que todo sigue su curso hasta que se llegue al fin y todo termine. Devastada por sus tristes pensamientos, rompe bolsa. Bo y el pescador la llevan en bote a tierra firme para que dé a luz, pero en medio del mar arrecian los vientos y hasta tienen un problema técnico con el motor del pequeño barco. Parece que habrá un final desgraciado, pero los hombres sortean los problemas técnicos y meteorológicos y llegan a tiempo para que Eva pueda parir bien. Se trata de un varón y Bo decide bautizarlo con el nombre del pescador, Mikael. Bo siente que la vida al fin tiene sentido y ya no le teme a la muerte, porque ve que solo es una parte de la vida.


Esta Eva de Molander sorprende por su fidelidad al ideario de Bergman y por la pasión con la que narra sus tres etapas hacia la iluminación (el racconto con el accidente en la niñez, el devaneo con el asesinato y la confrontación espiritual en la isla) se asemeja a esas películas de los noventa que eran tres o cuatro en una, por ejemplo: una comedia amable de costumbres que derivaba en un tenso y sangriento thriller que se decantaba para el erotismo casi pornográfico y terminaba en una negra comedia cínica en la que el crimen pagaba porque los culpables se salían con la suya, o eran una de guerra que iba para el lado de las de supervivencia en un campo de concentración, derivaba en una de juicio en la barraca y culminaba con una fuga en medio de un ataque aéreo, o sea que volvíamos a la de guerra. Aquí también, están tan sanguíneamente tratados sus tres momentos que parecen tres películas, la conclusión mística da la razón para este tratamiento formal, cuando más profunda es la zanja en el barro, más alta y noble es la elevación que se alcanza por haber pasado lo que nos tocó con determinación y sin sacar el cuerpo.  O sea la vieja y querida salvación más plena, a la que se ha llegado por caer en la tentación, sucumbir al encanto del pecado, o padecer la ignominia del vicio. La superación no del bueno en mejor, sino la del que chapoteó en la crueldad, la maldad y el salvajismo y vivió para contarla.


Por supuesto, no es casual que la mujer superadora que inicia al hombre en el amor y el sexo, que da por sentada la muerte de Dios ante la crueldad que tal vez le arrebate el hijo en plena juventud en el futuro y que igual dé la vida al heredero que justifica la existencia, se llame… Eva.


Película de superación y regocijo, ideal para las celebraciones navideñas, se estrenó el 26 de diciembre de 1948, con buena repercusión de crítica y público.

Continuará
Gustavo Monteros


jueves, 10 de mayo de 2018

Mi vida con Bergman - Capítulo 15


En febrero de 1948, el escritor Olle Länsberg le vendió a Svensk Filmindustri un manuscrito de tres centímetros de grosor intitulado El oro y las paredes, que debía convertirse en un film dirigido por Bergman y co-guionado por ambos. Según Ingmar lo mejor del proyecto fue dar vueltas por Gotemburgo con Länsberg en busca de atmósfera y locaciones y poder ver la ciudad con nuevos ojos, porque si bien llevaba años viviendo allí, la detestaba.


Si con Barco a la India vienen de inmediato a la mente Le quai des brumes / El muelle de las brumas (1938) de Marcel Carné (influencia reconocida por Bergman, esta película figuró siempre entre sus preferidas) y L’Atalante (1934) de Jean Vigo (influencia no reconocida por Bergman, pero que se vuelve evidente), en Puerto, como lo subraya el propio Ingmar la impronta del neorrealismo, en especial del cine de Roberto Rossellini, se muestra fuerte y potente. Dos vertientes crecieron y arrasaron en el cine de postguerra: en Hollywood y adyacencias, el Policial Noir y en Europa, en especial en Italia, claro, su país de origen, el Neorrealismo. Ambas corrientes alcanzarían amplios caudales de influencia y se apaciguarían a su debida hora en remansos históricos, aunque no menos perennes y a los que se revisita en épocas de necesidad o de reformulaciones de tradiciones agotadas. Nada se reinventa más a menudo que el policial y el realismo.


La adherencia de Bergman en esta etapa de su carrera al cine de Rossellini bordea el fanatismo, dice que las películas del italiano son  un reproche a su inutilidad técnica, que al verlas siente que jamás podrá alcanzar esos logros de encuadre, puesta de escena y selección de planos para vertebrar una fluidez y una elocuencia, que se le escapan. No sabe que está en camino de conseguirlo y se desespera. Quiere ser Bergman, pero todavía no sabe cómo serlo.


Puerto se filmó entre el 27 de mayo y el 7 de julio de 1948 y se estrenó el 11 de noviembre de 1948.


Puerto fue recibida como se esperaba por la crítica. Bergman había logrado sus exégetas y detractores, ambos grupos contribuyeron a zanjar aún más sus posiciones y eso fue todo. No hubo grandes entrecruzamientos de bandos ni iluminadores cambios de posición. Los admiradores se embelesaron con los logros que de antemano fueron a buscar y los odiadores fueron a encontrar motivos para fortalecer su disgusto, o sea los planos rebuscados y los esteticismos que poco tuvieran que ver con el material a narrar.


Eso sí, Bergman no cejaba en su productividad. Ahora en la sala grande del complejo de Gotenmburgo montó otro Macbeth shakesperiano, que deslumbró hasta a algunos no adherentes a su talento teatral. Escribió una obra de teatro en tres actos Terminar con la manos vacías que Lars-Levi Laestadius estrenaría en Helsingburgo y que más tarde el propio autor dirigiría en la radio. La trama giraba alrededor de un matrimonio, la hija, el novio de la hija y la llegada de una mujer fatal que motorizaría los conflictos y desbarataría el status quo. Es la producción para radio más vieja que se conserva de Bergman, las anteriores, por diversos motivos, no se preservaron. Para radio hizo también una versión de Lodolezzi canta, sobre texto del dramaturgo Hjalmar Bergman, adaptado por Hervert Grevenius sobre un gran cantante que regresa tras 10 años de silencio, no se conservó la grabación del mismo y solo quedan las críticas variadas que recibió. Hizo también en la radio Amor maternal de August Strindberg, por lejos su dramaturgo favorito, en versión propia, por desgracia, tampoco queda registro de esta experiencia. Y aparte del Macbeth, puso en escena una obra del autor contemporáneo Björn Eric Höijer, Bailando en el muelle, que como en Detrás de un vidrio oscuro hallamos una desventurada hija atada a un padre evasivo. Algunos elogiaron su destreza escénica y acusaron a la obra de tener un final abrupto y personajes de psicología inapresable. Y obtuvo unánimes críticas furibundas su versión de El baile de los ladrones de Jean Anouilh, autor muy popular y representado en Suecia, sobre todo porque un atrevido Ingmar metió mano, o más bien tijera, para aliviar minutos sobre el final de la obra, algo muy resentido por los admiradores del francés.
Escribió también una “Novela cinematográfica” El Trompetista y nuestro Señor, que filmaría Gustaf Molander y que se llamaría Eva, y que consistirá nuestro próximo capítulo.


Los años Bergmanianos son intensos y prolíficos y el 48 no fue la excepción.

Continuará
Gustavo Monteros

jueves, 3 de mayo de 2018

Mi vida con Bergman - Capítulo 14



Opus 5 – Puerto (texto sujeto a revisión)
Un barco de gran calado se acerca a un puerto, es grande la estela que deja detrás, las gaviotas lo saludan. Un hombre en cubierta sonríe al sol y mira a los pequeños remolcadores que arrastran el barco hasta el muelle asignado. El hombre baja por la  pronunciada escalerilla con una valija mediana y un abrigo sobre los hombres y después camina con seguridad por el muelle. Ahora vemos a una chica, muy joven, con cara de dolor y determinación caminar en la dirección contraria a la del hombre. Ella se acerca al borde del agua y sin pensar dos veces, se tira. Oye el chapuzón un joven de saco y corbata que está cerca, que se quita el saco a las apuradas y se zambulle para rescatarla. Un grupo de hombres y mujeres que se ha percatado de lo sucedido se acerca corriendo por el muelle. El joven rescatador sube con esfuerzo a la chica suicida a una plataforma de la que se sube hasta el muelle por una pequeña escalera. El agua junto al muelle está sucia de basura. La chica llega a la plataforma con pedazos de papeles, cartones y cáscaras que se le pegaron al vestido. Un grupo solidario de personas ha bajado por la escalerita y se ayudan para elevar a la chica hasta el muelle. La chica tose, llora y grita que la dejen en paz. Una mujer le saca la cara con un pañuelo. El hombre que vimos bajar del barco se arrima y pregunta qué pasa, alguien se lo dice. Aparece un auto que toca la bocina para que los curiosos  y solidarios abran camino. Suben a la chica al auto. Los curiosos se dispersan. Vemos ahora una calle empinada, muy cubierta de casas de dos o tres pisos, sin ningún jardín. El hombre entra a una especie de barracón, hay un cachorro de perro bajo un carretón sin caballos, acaricia al carrocho, pasa junto a una chica que salta quizá una rayuela y detrás de un mostrador un hombre golpea u golpea un gran cuero extendido. El hombre sigue su camino y está por entrar a un habitáculo equivocado porque sale de él un chico con una pelota, y así comprende que no es el lugar que busca. Es la puerta siguiente, que abre para descubrir una partida de cartas entre cuatro hombres. El que estaba de frente a la puerta, se para y lo saluda. Sabemos así que se llama Gösta, que saluda a los demás y se une al juego. Habla que viene del Este y que tras ocho años en el mar, quiere permanecer en tierra firme. El que lo saludó efusivamente cuando entró le dice que puede quedarse con él, ahí en su casa, que hay una cama libre, que el alquiler es barato y que puede trabajar en el puerto. Gösta dice no querer trabajar en el puerto, pero los otros lo convencen de que le conviene empezar ahí, mientras se busca otra cosa. A continuación se los ve caminar por una calle portuaria, es de madrugada, entran por un portón a un gran patio donde ya hay otros muchos hombres reunidos, siguen y entran a un gran espacio, contra la pared hay unas mesas largas donde algunos hombres juegan juegos que desconozco con fichas. La concurrencia se hace cada vez más nutrida hasta que no hay espacio descubierto. Junto a unas puertas que dan a unas oficinas, hay una especie de púlpito al que suben tres hombres con papeles, uno de ellos hace sonar una bocina y todos se callan y se acercan. El hombre con los papeles dice números y los hombres a los que corresponden dichos números, dicen sí. Es obvio que antes han dejado sus datos y un grupo seleccionador los elije para tal o cual tarea. Al grupo de los que jugaban a las cartas, al que se incorporó Gösta, le toca comenzar a las 7:30 en el muelle 34 con un barco que se llama Saga. A continuación vemos un grupo de hombres entre los que están nuestros conocidos en una bodega de barco. Bajan con cadenas unas especies de grandes baldes, que los hombres llenan con paladas de sal (en apariencia) y que las cadenas vuelven a elevar una vez repletos. Ahora vemos a Gösta sentado junto a la ventana del cuarto que habita  hacer un juego que repetirá a lo largo de toda la película. El juego consiste en hacer con la mano un trampolín para que un cigarrillo dé vueltas en el aire y aterrice en los labios. Frente al espejo que está sobre una cómoda vemos a su compañero de cuarto afeitarse. Lo invita a que salga con él, Gösta se niega. Es sábado, día de salir. Gösta toma un libro y se dispone a leerlo. Su compañero le pregunta de qué autor. Martinssen, contesta Gösta, y le pregunta a su vez al compañero si le interesan los libros. El compañero contesta que su padre era profesor y que tenía pilas de libros, que en esa época se sentía solo, que quería viajar y conocer, que sentía que se perdía cosas esenciales, y que por eso dejó los libros y comenzó a beber,  concluye con que los libros lo empeoran todo. Seguí leyendo le dice a Gösta, se pone el sombrero, sonríe y sale. Pasamos a un gran salón de baile, sobre una tarima una gran orquesta toca una alegre melodía de jazz (dato curioso, no se trata de una canción estadounidense, sino de una sueca que se llama Swing time in Wauxhall de Sven Sjöholm, famoso trompetista sueco, líder de su propia orquesta) La pista de baile está atiborrada de parejas que se empujan. Gösta más que bailar, arrastra a una emperifollada morena. Gösta cumple con el ritual fosilizado de las conversaciones de baile. Primero dice que hay mucha gente, que tanta gente sube el calor que reina en el lugar, que la orquesta no toca mal y que aquellos dos lo hacen muy bien, mientras señala a una pareja que baila suelta a un costado, no juntos como todos los demás. La chica de esta pareja no es nada menos que la rubita suicida que vimos al principio. La morena lo corrige y añade que le  parecen ridículos, que seguro son extranjeros. En el aplauso que rubrica el final de la canción, Gösta aprovecha para huir y dejar a la morena en la pista. Las luces decrecen y la orquesta ataca una melodía romántica. Después de una costosa travesía a través del mar de gente que se mueve en la pista, Gösta logra llegar junto a la chica suicida y la saca a bailar, ella acepta encantada. Gösta vuelve a la carga con la jerga de baile y repite que hay mucha gente, que el calor sube con tanta gente, ella lo interrumpe y le dice que le falta la tercera, él le pregunta cuál es y ella le dice entre sonrisas que es aquella de que la orquesta toca bien. Ella le confiesa que todos los hombres dicen lo mismo, pero que no importa porque se puede decir de mil maneras diferentes. Él le dice que se está poniendo aburrido, que mejor salgan, ella acepta. En la escalera que lleva a la calle, una chica la saluda y como la nombra, sabemos que se llama Berit. Un muchacho que está parado junto a la chica saludadora llama bruja a Berit y otra comenta viperinamente que se hace pasar por virgen. La muchacha saludadora los calla, llega hasta Berit y le pide que no preste atención a lo que dicen, que son unos bastardos, le reclama eso sí, que podría haber saludado, que tendría que reírseles en la cara. Berit le asegura que ya no quiere pertenecer a ese grupo, la saludadora le dice que todavía pueden ser amigas y ante la parquedad de Berit, agrega que entiende que no quiera, que comprende perfectamente cómo se siente y la mira de una manera que sugiere que Berit intentó quitarse la vida por estar embarazada. Berit llega junto a Gösta que recoge los abrigos. Luego se los ve caminar por una callecita que mira el puerto desde lo alto, la noche es fría, pero linda. Él intenta tomarla del brazo y acercarla hacía sí, pero ella se defiende y se aparta. Luego se los ve entrar al departamento donde ella vive. Se lo ve bonito, tiene tanto persianas americanas como cortinas de encaje. Berit enciende luces de lámparas de pie y baja las persianas americanas, no quieren que vean desde la calle que está con un hombre. Él va apagando las luces del techo y deja las de las lámparas para una atmósfera de intimidad. Este enfrentamiento por prender y apagar luces dura mientras conversan.  Gösta le pregunta si vive sola, ella le contesta que es el hogar de sus padres, que el padre está en alta mar, que es un segundo oficial de cubierta y que su madre visita a una tía. Berit llena la pava para hacer café. Te las apañarás muy bien, dice él, a lo que ella contesta que si tan solo hubiera un poco más de libertad, a qué te referís, le pregunta él, pero ella no quiere contestarle. Pone la pava al fuego y se va al dormitorio a peinarse, él la sigue, la toma por los hombros y la besa, ella le pregunta por qué la besó, él le dice que porque ella le gusta, le parece hermosa y quisiera besarla más. Ya veo, dice ella y se aparta, como si comprendiera que lo único que él quiere es sexo. ¿Qué te pasa?, quiere saber él. No te preocupés, contesta ella mientras cubre con un vistoso pañuelo de seda la jaula del pájaro para que no cante. Ella le pregunta entonces si quiere café, él le contesta casi con un disgusto que es más bien decepción, que no. Berit apaga la hornalla, vuelve sus pasos hacia el dormitorio, entra, desenrosca la lámpara que le da de cerca, se desabrocha y saca la chaqueta, queda en combinación y se ofrece, él no pierde el tiempo y la abraza y la besa apasionadamente. Vemos ahora la radio que desgrana románticas melodías de jazz y luego un amanecer en el cielo del puerto, con sus muelles casi sin gente y con sus barcos durmientes y con las callejuelas que se desperezan, muy de a poco aparecen changarines, carros y bicicletas. Volvemos al departamento de los padres de Berit. Gösta ya está levantado y se anuda la corbata. Berit acomoda almohadones y le quita el pañuelo vistoso a la jaula del pájaro. Gösta se ha puesto su abrigo e intenta atraer hacía sí a Berit para besarla, pero ella lo aparta con brusquedad. Le pregunta si es porque está cansada, un poco, contesta ella y agrega que tiene que ir a trabajar, ¿en domingo?, pregunta él y ella le dice que sí, porque trabaja en una fábrica. Él se dispone a salir cuando ella le pregunta si se verán otra vez, claro, contesta él y dice que el miércoles sin falta a las ocho y sale. Ella se queda dolorida, arrepentida de haber aceptado tener sexo, tira con furia la caja de fósforos con los que iba a prender la hornalla para el café, que está visto, no tomará jamás, y vuelve a la pieza, se endereza y se alegra un poquito cuando enfrenta el espejo para pintarse los labios, con el pintalabios dibuja en el espejo una carita triste y continuando la línea de la sonrisa para abajo, sin cortarla, escribe Soledad. En eso se oye que alguien entra. Es la madre, que le pregunta por qué no fue a trabajar. No es asunto tuyo, contesta Berit y agrega que por qué adelantó su regreso y volvió el lunes como estaba planeado. Cambié de opinión, dice la madre. ¿Para poder espiarme?, retruca Berit. Estaba preocupada, dice la madre, ¿tengo que creerme eso?, ironiza Berit. ¿Qué hiciste anoche?, quiere saber la madre. Berit contesta que fue al cine y que después vino a casa, ¿sola?, pregunta la madre, ¿vos que creés?, la desafía Berit, que estás mintiendo, estuviste con un hombre, es la conclusión de la madre. ¿Cómo lo sabés?, le pregunta Berit. Porque encontré este paquete de cigarrillos y vos no fumás, le responde. ¿Qué vas a hacer?, inquiere Berit. Bien sabés que tengo que informarlo a la ayudante de Villander, declara la madre. Si se lo decís, me van a encerrar un par de años más, dice Berit. Traes chicos a la casa, explica la madre. Estaba tan tranquila sin vos, retruca Berit. Debí imaginar que no podía confiar en vos, sentencia la madre, ¿cómo has podido?, insiste. No hagas teatro, la increpa Berit. La madre la hace callar de un cachetazo. Berit procura devolvérselo, pero la madre se hace para atrás y la insta con un seguí, seguí, pegale a tu madre, es lo único que te falta. Berit no dice ni hace nada y va disparada hacia la puerta. Antes de que la abra, la madre le pregunta si no tiene nada para decirle, que si le pide disculpas no dirá nada, Berit solo quiere que la suelte y la deje salir, la madre no la deja y a Berit no le queda más que recurrir a la violencia, le pega una cachetada y sale. La madre se recompone, va al teléfono, toma la guía y comienza a buscar el teléfono de la asistente social. Pasamos ahora a una fábrica. Numerosas hileras de maquinas, cada una con su respectivo operario. Berit está frente a una de ellas. El trabajo no parece difícil, pero requiere atención. Cada tanto hay que abrir la máquina, meter la mano y limpiarla. No conviene descuidarse, en el descuido está el peligro. Viene un supervisor y le dice que Villander, presumiblemente el dueño, y su hermana, la asistente social, la mandan a llamar. Ella deja de trabajar, se seca las manos y se va con el supervisor. En el camino, él le cuenta que Villander preguntó si ella se porta bien y que él la hizo quedar muy bien, de modo que bien podría recompensarlo saliendo con él, acompaña el pedido con una mano que se le va para el trasero de ella, como se los ve de frente, no sabemos si la toca o si solo contornea la zona, ella le dice que ni en sueños, él le aclara que pueden llegar a pasarla bien, a lo que ella contesta que las chicas no lo consideran mucho hombre. Llegan a la oficina y Berit entra. Villander se ataja y le aclara que no tiene nada que decirle, pero su hermana sí. La hermana en cuestión, la mentada asistente social que estaba sentada junto a un escritorio se pone de pie, lleva un sombrero chato de ala levantada en la parte delantera. Villander quiere irse, pero la hermana le pide que se quede, Berit secunda el pedido con un no se preocupe, ya estoy acostumbrada. La hermana le dice que sabe perfectamente por qué ha venido, que es una privilegiada por vivir con su madre, a lo que Berit interrumpe con un es peor que vivir en el reformatorio, la hermana le dice que no hable sin respeto, Berit se dirige a la puerta, si no puedo decir lo que pienso, declara, mejor vuelvo a trabajar. La hermana le pide que baje el tono, a menos que quiera volver al reformatorio. Berit le dice que el tono no tiene nada que ver, que si deciden que vuelva al reformatorio, no les importará el tono en el que hable. La hermana asistente social le pide que la madre solo quiere su bien. Claro, dice Berit, por eso es tan asquerosa. La asistente se escandaliza por el lenguaje, Berit le dice que lo aprendió en el reformatorio y en la fábrica, en los lugares a los que casualmente la asistente social la envió. La asistente le dice que tuvo esperanza de reformarla, pero que ahora ya no le queda mucha. Berit comprende que es seria la posibilidad de que la devuelvan al reformatorio, se pone histérica y comienza a gritar que no quiere volver y que nadie entiende que quiere ser ella misma y que la dejen en paz, la hermana asistente social saca de su cartera un paquete de cigarrillos y un encendedor y le dice que ella no decide sola, que puede irse. Berit está por salir, pero Villader la detiene, le dice que si hay algo en lo que pueda ayudarla, lo hará con gusto. Berit le dice que preferiría un trabajo en el que no se arruinara las manos, que su profesión es sombrerera, que le encanta hacer sombreros, Villander le pregunta si no preferiría ser supervisora, a lo que Berit responde que sí con entusiasmo. Villander se dirige a su hermana, a la que llama Agneta y así sabemos su nombre, le pide que le dé a la señorita Holm (y así sabemos el apellido de Berit) otra oportunidad. Agneta opta por no comprometerse e insiste que ella no decide sola lo que hay que hacer, Villander manda a Berit de regreso a su máquina y se queda a solas con su hermana. Esta lo felicita por haber sido bueno y considerado con Berit. Bengt, que así se llama Villander, le pide que le dé a la muchacha una oportunidad real y le pregunta si Berit tiene que vivir con la madre sí o sí. Agneta le dice que habla de una delincuente que podría reincidir con la banda con la que estaba si se la da la posibilidad, que contraerá una venérea o que robará. Tu optimismo es desgarrador, le dice Bengt. Tengo mis razones, conocés poco esa chusma, agrega Agneta. Bengt le pregunta si no tiene miedo de Berit. Agneta le dice que no, aunque es muy difícil llegar a un acuerdo con ella. Bengt insiste con que si es cierto lo que ella dice, no importaría mucho si el experimento que él le propone falla. Agneta vuelve a refugiarse en que no es ella sola la que decide, que deberá hablarlo con sus colegas. Antes de salir, Agneta le pide que no sea tan irónico. Él le pregunta quién asumirá la responsabilidad sobre Berit, Agneta suspira y admite que ojalá lo supiera. Pasamos al puerto. Parte un tren de carga, en un vagón vacío va Gösta, su amigo con el que comparte cuarto y los otros que jugaban a las cartas. Un hombre corre tras el vagón y cuando llega a ellos porque van a muy poca velocidad les dice que hay que hacer horas extras y si pueden quedarse, uno de ellos se considera una niña buena y como todas ellas debe decir que no, Gösta dice que puede y su compañero también. El compañero le recuerda que tiene una cita a las 8, los demás hacen bromas sobre la irresponsabilidad de la juventud moderna y demás, Gösta fuma en silencio. Pasamos al departamento de los padres de Berit, que lee un cuento o artículo llamado Viaje a la felicidad en una revista, se impacienta, toma el reloj despertador y lo cambia de lugar, viste como para salir, hasta lleva un collar. Entra la madre y le pregunta si ha quedado con alguien para salir, Berit le dice que no, que solo va al cine, la madre antes de salir del cuarto le dice que si es un muchacho agradable se lo presente, aunque duda mucho que lo sea, suena el teléfono, las dos se abalanzan, contesta la madre, escucha y dice que no hay nadie y corta, aprovecha que está conversando con Berit para contarle que el padre telegrafió para anunciar su regreso anticipado, Berit le pregunta si se va a divorciar, la madre le dice que no, que se darán otra oportunidad, Berit le pregunta cuándo lo decidió, la madre, cortante, le retruca que lo decidió y punto, Berit reflexiona que ha vuelto el calvario y que es un pobre hombre, la madre cuenta que le escribió que la extrañó mucho, siempre estuvo un poco loco, agrega Berit, la madre se ha puesto el abrigo y un sombrero, es obvio que va a salir, dice que ojalá Berit fuera feliz también, que siempre lo piensa y lo desea, Berit se lo agradece, pero que por favor deje de tocarla cada vez que está cerca, la madre se queja de que le hable así, Berit le cierra la puerta de su cuarto en la cara, la madre abre la puerta, toma una silla y se sienta junto a Berit que está tomándose la cara, sos cruel, dice la madre, tendrás tu castigo, ojalá estuvieras muerta, le dice Berit, que agrega ojalá estuviera muerta también, decís cada cosa, dice la madre, veo que ya estás esperando a papá, dice Berit, todo empezará con que le falta sal y habrá una discusión violenta tras otra, al principio tonterías y después noches eternas de odio, la madre le asegura que eso ya pasó, que ahora crecieron, que ella ya habló con el pastor, ya vas a ver, todo va a ser diferente, para vos también, Berit llora y le dice que es una buena mentirosa, que no solo se convence a sí misma sino a todos los demás, incluido el padre, pero que a ella no la engaña, porque sabe que miente siempre, la madre se para y sale, antes de cerrar la puerta de entrada al departamento, le dice que se va a arrepentir de lo que acaba de decir. Berit se recuesta, dormita y oye las voces de sus padres que discuten, vuelve a ser una nena que duerme y a la que despierta una violenta discusión, se levanta y se para en el vano de la puerta, el padre al verla deja de discutir y va a abrazar a Berit, la madre intenta quitársela, y literalmente la tironean para ver quien se la queda. El padre deja de forcejear, y la madre lamenta que Berit tenga semejante padre, la Berit nena se desprende de la madre y se refugia bajo la cama donde fue a parar su osito, viene la madre, la saca de bajo la cama y la acuesta, Berit vuelve a ser adulta, se incorpora, toma su cartera y se dispone a salir. Ahora la vemos en la parada de un colectivo, parece que llueve o ha estado lloviendo, porque una mujer tiene un paraguas abierto y muchos visten impermeables. Para un bus y baja Gösta, entre muchos otros. Berit no lo ha visto y parece que Gösta tampoco a ella, pero cuando el micro está por partir, llega Gösta corriendo, sube al colectivo y saluda a Berit, que le dice que finalmente llegó, él le pregunta si creía que no vendría, parecía que no querías, dice ella, él saca los boletos y le dice que pueden ir al cine, que hay una buena película en el Victoria, ella le dice que él no iba a venir y le pregunta por qué cambió de opinión, él no contesta y la apura con un bajemos aquí, bajan y entran a un cine grande, en la puerta un hombre flaco saluda a Berit atrevidamente, Gösta le pregunta quién es y Berit le dice que es LeCoq, el capataz de la fábrica, aquel que vimos invitarla y procurar propasarse con ella cuando la acompañaba a la oficina de Bengt Villander. Pasamos al interior del cine, toda la platea se ríe a las carcajadas, en la pantalla se ve una comedia disparatada. A la salida todos se muestran contentos por haber pasado un buen momento. A Berit y Gösta se le acercan LeCoq y unos amigos y le dicen groserías a Berit, que calma a Gösta diciéndole que no les preste atención, que están borrachos, LeCoq y sus amigos no paran, la pelea es inevitable, Gösta les propone pelear en un callejón solitario para que no los interrumpa la policía, el callejón termina en un muelle, Gösta saca de combate con rapidez al primero, al segundo le cuesta un poco más, pero también lo noquea, el tercero inmoviliza a Berit para que no intervenga, Gösta hubiera ganado si no fuera porque el primero se repuso y lo golpea con un sólido travesaño de madera. Lecoq sale el último no sin llamarla a Berit puta de reformatorio. Berit socorre a Gösta, que vuelve en sí con dificultad y la aparta con violencia porque le duele todo, le increpa por no haberse ido, y le dice que le comprará otras medias, porque las que tiene están rotas, ella le dice que mejor pague un viaje en taxi a casa, se ríen, ella le pide que la ayude con el desastre y él comienza a sacarle las medias rotas, ella se acurruca contra él. Ahora es al día siguiente en la fábrica, junto al reloj mecánico de marcar tarjeta, Berit se encuentra con LeCoq al que le pega una sonora cachetada, LeCoq queda masajeándose la cara. Ahora la música es feliz y se ve a Berit y a Gösta pasear por un amplio y arbolado parque, Gösta acarrea una valija y le señala algo, cuando se ponen a caminar vemos que se trata de un hotel turístico en algún sitio para vacacionar, después se los ve entrar a un cómodo y luminoso cuarto de hotel, ella le dice que no tiene anillos, no importa, dice él, tené las manos siempre en los bolsillos, no tengo bolsillos, dice ella, entonces no te saqués los guantes, este fin de semana seremos un conde y una condesa y salta a la cama como un simio, ella también se lanza a la cama y ríen felices, se besan primero con urgencia, después con ternura, están por comenzar a hacer el amor, cuando golpean a la puerta, es una mucama que pregunta si llamaron, no, dicen, la mucama la reconoce y le pregunta si no es Berit, que se da vuelta y la mira con atención porque en realidad no la ha visto y dice sorprendida: Gertrud. Gösta pregunta si se conocen de la escuela, Gertrud responde misteriosa que podría decirse que sí, y aprovecha para preguntar si es el marido, sí, responde Gösta, Gertrud felicita a Berit y remarca que no todas tienen tanta suerte, llamame por teléfono, propone Berit, pero Gertrud quiere hablar con Berit lo antes posible, Gertrud sale y Berit sale rauda a continuación, hablan en el pasillo, Berit le pide a Gertrud que por favor no mencione el reformatorio, que Gösta no sabe nada, Gertrud se lo promete porque son viejas amigas y ahí caemos en cuenta que Gertrud es la morocha que estaba en el baile, aquella que le urgía a Berit de seguir siendo amigas, Gertrud le pregunta si Gösta es bueno y si tiene dinero, Berit le responde que es bueno, pero que no es más que un simple marinero, entonces qué hacés aquí, le pregunta Gertrud, me trajo porque es mi cumpleaños, le contesta Berit, que a su vez le pregunta a Gertrud cómo está, Gertrud le agradece por preguntar y con ironía dice que está la mar de contenta y le pregunta a Berit si no conoce a la Sra. Krana, Berit se angustia y sorprendida agrega que entonces está puntos suspensivos, sí, le dice Gertrud, tengo que ir a verla, obviamente la mencionada Sra. Krana es una conocida abortista, Berit se conduele y Gertrud aprovecha para pedirle dinero prestado, cuánto, pregunta Berit, 50 coronas, responde Gertrud, te puedo dar 25, propone Berit, alcánzamelas al hotel, propone Gertrud y la insta a volver con Gösta, para que no se pregunten de qué hablan tanto, Berit le pregunta si no necesita nada más, Gertrud no le dice más que sos muy amable. Ahora vemos a Gösta enderezando un cuadro que está al lado de la cama, se trata de un desnudo de mujer, después mira la cama, se decide y saca el cubrecama y al intentar doblarlo hace un bollo con él, después acomoda las almohadas, va junto a la ventana, se sienta en un taburete con los pies en alto sobre el neceser de bajo la ventana y se pone a jugar, como le vimos antes, al trampolín con un cigarrillo para ver si salta a su boca, en eso entra Berit, Gösta le pregunta de qué hablaban tanto, ella le dice que de nada importante, él quiere saber si le sorprendió hallársela, Berit dice que nunca le cayó bien del todo y se pone a llorar para preocupación de Gösta que hasta ese momento no era sino alegría, qué te pasa, le pregunta y ella le pide que nunca la deje, o que lo haga ahora antes de que sea demasiado doloroso, por qué te dejaría, le pregunta él, porque no sabés nada, le responde él, que a continuación hace la pregunta obligada o sea qué es lo que no sé, pero no espera la respuesta, porque no sé lo que digo, agrega, sí que lo sé, y le asegura que la quiere mucho y que se lo ha dicho, y le recuerda que en cambio, ella nunca se lo ha dicho, ahora le pide que lo hago, porque si no puntos suspensivos, ella suspira un escueto sí, decilo, insiste él, no quiero, le dice ella, odio esas palabras, porque la gente las dice sin sentirlas, solo lo dicen para puntos suspensivos, no digás más nada, le pide él, porque duele, y le pregunta si cree que se lo ha dicho por eso (o sea para cogérsela), no, le dice ella, pero de inmediato se corrige, sí, todas las veces, le aclara y agrega que él le gusta mucho, y que depende mucho de él y que lo único que tiene para darle y retenerlo es eso puntos suspensivos (o sea el sexo) y  que eso terminará por cansarlo, y él le tira una frase matadora, que cuando se quiere de verdad, lo que te da miedo te hace más fuerte, ella reflexiona que por qué algunos tienen todo y otros nada, y que es terrible estar sola y que él ha sido tan bueno con ella, él la consuela con que la vida no es tan triste como la gente cree, que ya lo comprobará, que deben darse una oportunidad y que él le enseñará a decirle que lo quiere, y para sacarla de tanta tristeza le propone que den un paseo (nena, si no te casás con él, dejalo que me caso yo con él, fue una máquina de dar las respuestas correctas, en esta escena enamora hasta lxs más cinicxs). Ahora estamos en plena noche, Gösta duerme plácidamente. Berit en camisón levanta del piso el bouquet que Gösta le regalara, toma el vaso que está junto a un botellón con agua, lo llena y pone el bouquet. Berit se tira en la cama junto a Gösta y le desarregla el pelo mientras le dice palabras dulces, él toma la almohada y la coloca contra el respaldar y se acomoda en la posición correcta, antes estaba atravesado. Él la hace repetir lo que decía cuando dormía, ella le dice que lo quiere, que lo adora, ¿ves que aprendiste a decirlo?, se ufana él, ella le dice que ojalá nunca lo hubiera conocido, que ahora sabe lo que es la felicidad y que todo será más difícil cuando, él la interrumpe, molesto, con que ahí empieza otra vez con su amargura, Berit le dice que ha decidido contarle lo que le ha pasado, que es preferible que lo sepa por ella y no por los otros, él se niega, le dice que nunca pensó que fuera una santa, porque él tampoco lo es, ella insiste porque no sea cosa que en el futuro él crea que lo engañó, entonces él acepta a regañadientes que cuente. Berit arranca con que le podría echar la culpa a sus padres, de que no se divorciaron por ella, que cuando el padre estaba en altamar, todo andaba bien, pero que un día lo hirieron en un ataque con torpedo, y tuvo que permanecer en la casa, y que entonces fue el infierno, que por las tardes salía con sus compañeras de clase y que volvía lo más tarde posible, cuando sus padres ya estuvieran dormidos, pero una noche la madre estaba esperándola, se ve ahora a Berit que toca el timbre con insistencia hasta que por fin la madre abre la puerta y le pregunta dónde ha estado hasta esa hora, Berit le contesta que nunca le ha importado y que no es asunto de ella, ¿ah, no?, le dice la madre, entonces te quedarás afuera y aprenderás a reflexionar, y le cierra la puerta en la cara. Berit golpea la puerta, desesperada, y le grita: ¡Mamá!, por el vaivén donde se ponen las cartas, pero la puerta no se abre. Berit se sienta en la escalera a llorar, se abre la puerta de otro departamento y se oye un silbido, junto a Berit se detienen unas piernas de hombre, se trata de un hombre joven con sombrero que le pregunta si la echaron y si espera que le abran de nuevo la puerta, ella asiente, él le propone como castigo a sus padres que desaparezca, ella le dice que no puede hacerlo, porque no tiene adónde ir, él le dice que se vaya a vivir con él, que sus intenciones son buenas y que se llama Thomas. Bajan la escalera corriendo mientras se ríen, la voz de Berit no dice que se fueron a vivir juntos, que él era muy bueno con ella, pero que la buscaron y que alguien la delató con la policía, que los de la Protección Infantil los visitaron y que la madre les dijo que no podía con ella, ahora vemos un tren que pasa y oímos que Berit dice que los de Protección Infantil se comprometieron a hacer todo lo posible por enderezarla, algo que se hacía en el Centro de Reeducación, ahora vemos que un grupo de chicas y Agneta están en el vagón del tren que pasaba, Agneta está de negro y lee un libro, las chicas parecen medio reas, se arreglan, se pintan los labios, se acomodan las medias y en off se oye la voz de un hombre que lee las conclusiones sobre el caso de Berit y concluye con que tiene que ser confinada a algo que suena como un Reformatorio y que pasado un tiempo se evaluará su progreso, todo suena lúgubre y ominoso. Ahora vemos a las chicas que en un comedor de un lugar religioso toman el té, en el centro, sobre una mesita, un tocadiscos que gira el disco de un hombre cantando un tema religioso, muy deprimente, las chicas están cabizbajas, tristes de toda tristeza, y en una mesa en un rincón comen dos mujeres también de negro que acompañan a Agneta, que les agradece a las mujeres de negro por recibirlas, que no habría sabido qué hace en esas dos horas libres que le quedaban en Estocolmo, las mujeres de negro se muestran complacidas de poder ayudar y no tienen dudas de que los que les espera a esas chicas las devolverá mejores. Berit cuenta que se sentía tan triste y desesperada que podría gritar, que el invierno y la primavera no estuvieron tan mal, pero que el verano fue horrible, vemos ahora las chicas de noche en un dormitorio, no pueden dormir, están sudorosas, pegoteadas, espantan mosquitos, se revuelven el pelo, vemos entrar una chica por la ventana y la voz de Berit nos informa que para Gertrud fue peor, porque se escapaba de noche para dormir con el jardinero, y que él le regalaba todo lo que les estaba prohibido: cigarrillos, perfume, lápiz de labios, y ropa interior de verdad, entonces se la ve perfumarse, prender cigarrillos, pintarse los labios o pasarse por el rostro la suavidad de una bombacha de seda o similares, o probarse combinaciones, volvemos al cuarto de hotel, Berit apaga un cigarrillo en un cenicero lleno y escuchamos que estuvo 14 meses en el Reformatorio y que cuando salió la mandaron a una casa de un alma caritativa, que vivía de su caridad, pero que la controlaba siempre, que la señora tenía un hijo que se enamoró de ella, ante la mención del hijo, Gösta se incorpora, incómodo, Berit sigue con su relato y agrega que la madre los descubrió y que la denunció, entonces ella se escapó y llegó a Estocolmo, que la volvieron a encontrar y que la llevaron a otro sitio en el que pasó dos años, que salió y que entró a trabajar a una fábrica donde conoció a Gunner, alguien muy agradable, al que no le importaba que hubiera estado internada, que la presentó a sus padres, le parecía que el pasado horrible había quedado atrás, pero no, ahora vemos a Berit agarrarse la cara con las manos, y oímos una voz de mujer que le dice que la han tratado como a una hija y que no les había dicho nada, una voz de hombre dice que quizá no habló porque tenía miedo, no importa, dice la mujer, siempre hay que decir la verdad, vemos junto a la ventana a un muchacho al que llaman Johan que dice que si Berit se va, él se irá con ella, no digas tonterías, le retruca la madre, no necesitan echarme, declara Berit, puedo irme por mis propios medios, y va a su cuarto y cierra la puerta, detrás entra Johan, al que le pide que no vaya con ella, fue mi culpa, dice él, pensaba que lo sabían, le reclama Berit, no pude, aclara Johan, ella se despide, le dice que no volverán a verse, Johan, muy preocupado, le pregunta si no se hará daño, me tiré al mar, le cuenta Berit a Gösta, porque otra vez estamos en el cuarto de hotel, me tiré al mar momentos antes de conocerte, continúa Berit, pero eso ya los sabemos porque lo vimos, Gösta está de una pieza, ella le dice que ya lo sabe todo, que puede irse si quiere, él no contesta nada, ella lo echa, él no se mueve y hace la pregunta que lo estuvo carcomiendo, quiere saber con cuántos hombres estuvo Berit, ella se decepciona y solo repite su nombre, Gösta, Gösta, agrega un no y se desploma en la cama, agotada por la confesión y su respuesta, él solo añade bien podría haberse callado, ahorrado el recuento de su pasado. Ahora volvemos al puerto y vemos como en un patio inmenso trabajan con cueros, los seleccionan, los doblan, hace calor, algunos llevan la cabeza cubierta y el torso descubierto, en una mesa Gösta y sus amigos, uno de ellos atribuye la cara larga que trae Gösta a problemas con mujeres, a lo que otro responde que Gösta antes preferiría estar muerto que contarles algo, los otros siguen con sus referencias y sus bromas hasta que Gösta estalla y les gritan que se callen la boca, el compañero de la pensión le pide que se calme, los dos arrastran una carretilla con cueros y se apartan de los otros dos, el compañero de la pensión dice que ya se le va a pasar, que los que hablan mucho sobre el amor se confunden, Gösta reflexiona que todo es difícil que por qué no se puede ser uno mismo y listo, que nos perdonamos los propios errores, pero no los ajenos, el compañero de pensión dice que eso pasa en todas partes, Gösta dice que quiere ser justo, que Berit la ha pasado mal, el compañero de pensión le advierte que si quiere salvar el mundo que tenga cuidado, Gösta agrega que todo es absurdo, algo que ratifica el compañero de pensión con un todo es absurdo, Gösta le pregunta si a pesar de su ironía cree en algo, el compañero de la pensión le responde con preguntas ¿creer en qué?, ¿en las mujeres?, ¿en la justicia?, ¿la fraternidad?, no, concluye, en todas partes es la misma miseria, la misma mierda, Gösta quiere saber si hay algo más, a lo que el compañero de pensión responde con un no me lo preguntés a mí, a lo que Gösta agrega:¿entonces a quién?, a tu chica, idiota, le dice el compañero de la pensión, si necesitás sostener la mano de alguien, agarrá la de ella, que solo ella lo ama, ¿y olvidarlo todo?, pregunta Gösta, siempre lo podés intentar, le dice el compañero de la pensión, supongo que vale la pena, dice Gösta y se va caminando con las manos en los bolsillos. Ahora vemos a Berit y Gösta en el departamento de la madre de Berit, sobre una pequeña mesa redonda hay una bandeja con cosas del té, Berit, muy elegante y compuesta, lo mira, Gösta hace su juego de trampolín con el cigarrillo sin lograr que llegue a su boca, Berit le pregunta si le pasa algo porque no ha comido nada, Gösta responde que no tiene hambre, Berit toma un bizcocho y lo come, Gösta toma un álbum de fotos de una mesita cercana, lo abre, toma la mano de Berit y con fuerza la hace sentarse al lado suyo, señala una foto y pregunta de quién se trata, es Gunnar, responde Berit, el anterior a mí, el del que me hablaste, comenta Gösta, parece simpático, agrega, Berit trata de levantarse, pero Gösta se lo impide, parece astuto, añade, muy astuto, maravilloso, hasta podríamos ser amigos si me lo presentaras, continúa Gösta, es exactamente el tipo de hombre que me cae bien, entiendo por qué te gustaba, Berit se harta, le quita el álbum, lo tira lejos y le pide que se vaya, él le dice que está rara y le pregunta si hizo algo malo, ¿por qué nos torturamos así?, quiere saber ella, él vuelve a su juego con el cigarrillo, ella se echa la culpa de que no estarían así si se lo hubiera contado todo no bien se conocieron, ella se desparrame en el sofá a llorar y él tira el cigarrillo mientras le dice que no soporta que llore, entra la madre y le dice a Berit que alguien la llama por teléfono, la madre y Gösta se saludan, la madre dice que así que usted es Gösta, que Berit le ha hablado mucho de él, que la cuide, él se queda mirándola, a lo que ella agrega que Berit no la escucha, que no sabe por qué es, que es como si la odiase, dice esto mientras acomoda las cosas de arriba de la cómoda, y que eso no es fácil de tolerar, porque al fin y al cabo es su madre, se sienta a tejer y sigue con que no debe haber sido fácil criarse en un lugar donde los adultos se peleaban todo el tiempo, donde no siempre era agradable estar, y encima con un padre que tenía muy poca paciencia, va hacia el reloj de pared y le corrige la hora mientras dice que ya sabe que Berit estuvo en el Reformatorio, que no es una zorra, pero que ha tenido muchos novios, Gösta la mira con franco enojo, es la verdad, le espeta, pero si está encariñado con Berit como espera que lo esté, debe saberlo todo, Gösta le dice que muchas gracias, que ya lo sabía, Berit pasa rápida junto a ellos y se pierde en su cuarto, la madre le apostrofa a Gösta que espera que se quede con ella, por el bien de Berit, que tiene mal carácter, que lo heredó del padre, pasa Berit camino de la puerta con el abrigo puesto, Gösta quiere saber adónde va, ella le pide que la deje en paz, él insiste con que no la dejará ir, a menos que le diga dónde va, y ella le dice que a ver a Gertrud, a él le llama la atención la hora y ella dice que necesita que la ayude, que por eso la llamó, y que aproveché y que se quede conversando con su madre para que le cuente la poca cosa que es, Gösta la empuja contra la puerta, y Berit sale. Ahora estamos en casa de la abortista, junto a la puerta interior hay una cómoda alta con un Jesús blanco que bendice con ambas manos, la abortista le está hablando, le dice que se lleve a la chica, o sea a Astrud, que no puede tenerla allí, Astrud está sentada agarrándose la cintura, la abortista aclara que le dolerá más cuando pase el efecto de la anestesia, que la ha sometido al tratamiento habitual y que no está en peligro para nada, que abortará en unos días, que duele, pero no tanto, como protesta ella, que son los nervios, Gertrud le agradece que haya venido a buscarla, que deben irse, aunque casi no pueda por el dolor, reaparece la abortista con el abrigo de Astrud, toma un lápiz de labios y le pinta la boca mientras afirma que ha hecho muchas operaciones y que ninguna le ha salido mal, que es muy cuidadosa, que no corre riesgos, Astrud le dice a Berit que no puede volver a su casa, que no se le ocurre adónde puedan ir, la abortista va a llamar un taxi, Berit le pregunta que le hizo y Astrud dice que le puso una inyección y cómo le dolía mucho le dio también un calmante, y que el malestar comenzó cuando todo había terminado, que está muy asustada, Berit la abraza, todavía no saben adónde irán, la abortista abre la puerta y dice que el taxi las espera, Berit tranquiliza a Astrud con un ya sé donde podemos ir. Ahora vemos a Gösta en su cuarto de pensión silbando con el abrigo puesto, el silbido enloquece a su compañero de pensión, que intenta conciliar el sueño, y como no puede, se incorpora y le pregunta a Gösta si tiene que silbar esa melodía en particular y así sabemos que no es el silbido el que lo enloquece sino la canción silbada, Gösta le dice de acuerdo, pero vuelve a empezar la misma melodía, el compañero vuelve a incorporarse y esta vez se une al silbido, si no puedes con ellos, úneteles, Gösta se está quitando el abrigo y el saca cuando se oyen unos golpes perentorios a la puerta, el compañero de la pensión supone que es Gustav borracho y que mejor no  abrir la puerta, pero Gösta va y por supuesto es Berit que le dice que Astrud se siente mal y al verla apoyada contra la puerta de un departamento de enfrente, a punto de desplomarse, la toma entre sus brazos y la entra, Berit los sigue, Gösta pone a Astrud en su cama, el compañero de la pensión está más que sorprendido, que dice que saldrá para dejarlos tranquilos, Gösta dice que hay que llevarla con un doctor, Berit se niega, la volverán a encerrar, aclara, Astrud llora y clama que nada de doctores, que no quiere regresar al encierro, se refiere al reformatorio, claro, pero qué podemos hacer, pregunta Gösta, y como Astrud se retuerce de dolor, Berit le dice que llame a una ambulancia, Gösta sale corriendo a buscar una, Astrud se incorpora en la cama y declara que se siente horrible y le pregunta a Berit si es grave lo que le pasa, que está muy asustada, que cree que ha sangrado mucho,  la escena es muy conmovedora y más todavía porque por momentos Astrud se parece a una Bárbara Mugica joven, le pide a Berit que haga algo, Berit va y raja la sábana de Gösta, y hace presión sobre el regazo de Astrud para que el sangrado se detenga, Berit le pregunta qué le hicieron, en la cama, Astrud ahora con un  parecido también a una Susu Pecoraro joven, se remuerde el labio, salta de la cama con fuerza y se dispone a huir, Berit la retiene a los puros forcejeos, Astrud se le escapa y llega hasta el pasillo de entrada, allí Berit le da alcance, pero de repente Astrud deja de luchar y cae exangüe en el piso, mientras se oye la sirena de la ambulancia que llega, Berit desde un primerísimo primer plano se va lentamente hacia atrás, hasta quedar en un plano medio, Bergman ya comienza a ser Bergman, la puerta de entrada al patio de todos los departamentos se abre intempestivamente para dar paso a Gösta , a dos uniformados, policías parecen y una camilla, más los intrusos de siempre, que ansían saber de qué se trata, los uniformados ponen Astrud en la camilla, Berit los mira, apoyada contra la misma puerta contra la que se apoyó Astrud unos momentos antes, a su lado un agotado Gösta, los uniformados se llevan a Astrud, Berit va a seguirlos, pero pide la ayuda de Gösta, que la mira con furia, Gösta sale por donde lo hicieron los uniformados con la camilla, mientras que Berit busca refugio en la pieza de Gösta, aunque un uniformado se lo impide y le pide que lo acompañe, en la calle, entre curiosos, cierran la ambulancia, que parte llevándose a Astrud, se ve salir a Berit y al uniformado, que suben a un auto, un avergonzado o dolido Gösta no levanta la vista cuando Berit y el uniformado se suben a un auto estacionado en frente, el auto se va con sirena policial y Gösta cruza la calle y se mete por el portal de su casa. Fundido a negro. Ahora vemos a Gösta que fuma con ahínco, está en su cuarto, se oye un piano que toca una melodía de jazz, una mujer con un tapado corto y ancho y con sombrero y guantes puestos, le balancea una botella y un vaso y le cuenta lo amable que es Joe con él, ¡el compañero de la pensión se llama Joe!, Gösta se sirve un trago mientras la mujer borbotea palabras, que la bebida era inútil, que ya estaba borracho, pero que Joe supuso que la angustia era grande y que necesitaría más bebida, Gösta se bebe un trago tras otro con el mismo entusiasmo con el que pitaba, la mujer se ha quitado el abrigo, los guantes y el sombrero y se pasea por la habitación, le pregunta si era su amiga a la que llevaron y cómo está, ¡muerta!, exclama Gösta con voz de samurái, la mujer le dice que no le grite, se ha sentado en la cama y se está desvistiendo, primero las medias, después el pullover, descalza se pone de pie para salvaguardar las medias de seda, que en esos tiempos eran tan lujosas como un brazalete de esmeraldas, cuando pasa cerca de Gösta le revuelve el pelo y le dice que Joe siempre dice que tiene ojos hermosos y que ella está de acuerdo, el piano calla y vuelve a empezar, Gösta dice que es la gota que derrama el vaso, que cuando el barco se hunde te lanzás al mar, con la esperanza de alcanzar tierra firme, nadando, nadando, en el mar del sur o donde sea, evitando ser absorbido por los torbellinos, que te jalan para abajo, así es como es, señor Gösta Andersson, se dice y agrega, ¡la conciencia!, y se ríe, ¿esto es un marinero?, lloriqueando en la popa y secándose las lágrimas porque añora a su madre, entonces se para, asienta con fuerza el vaso sobre la mesita y grita: ¡qué mierda de conciencia!, ya está completamente borracho, la mujer en la cama otra vez, se pinta las uñas de los pies y el piano persiste en callarse y volver a empezar, Gösta toma entre sus manos la hermosa cara de la mujer y le pregunta cuántos años cree que tiene él, no espera una respuesta y se contesta que 29, ¿no lo crees, verdad?, insiste, yo tampoco, agrega, le suelta el rostro, vos y tus uñitas rojas, le dice, ¿has visto un muerto alguna vez?, ¿un cerdo con dos piernas que pesan 70 kilos?, ¿te pidieron alguna vez que te quedaras y te fuiste igual?, yo vi todo eso y no me afecta, a pesar de mis 29 años, porque no tengo conciencia, ya lo ves, le dice mientras le toca el hombro con afecto, y de repente se pone violento y la sacude cuando le pregunta si ella tiene conciencia, ella le grita que la deje, sale y se encierra en el baño, él la manda al carajo y toma del pico lo que queda en la botella, después la rompe contra el respaldar de los pies de la cama, mientras grita: ¡qué conciencia de mierda!, ¡que te jodan!, comienza a romper cosas, tira la silla y la mesita que sostenía el vaso y la botella, va hasta la puerta del baño y golpea y grita que le abran, llegó sin que se sepa muy bien cómo al cuarto de un negro sentado al piano, claro, era el que empezaba, se interrumpía y volvía a empezar, se da cuenta de que Gösta está muy borracho y lo quiere conducir de vuelta a su cuarto, pero Gösta se libera y se golpea la cabeza contra una puerta, ¿así es cómo vos arreglás las cosas?, le pregunta, ¿bebiendo hasta reventar?, la mujer que estaba con Gösta le pide al negro que lo lleve al patio, Joe, le dice, o sea que Joe es el pianista negro y no el compañero de pensión, Joe deja a Gösta en el patio, que más que patio es un pozo de luz, atrapado entre varios edificios de departamentos, Gösta golpea con desesperación una puerta tras otra, pero ninguna se le abre, mira hacia el cielo, está amaneciendo, desesperado, grita: ¡Berit!. Ahora estamos en la comisaría, hay una mesa grande, de un lado Berit, junto a ella, Agneta, detrás de Berit, más lejos se ve la silueta de un hombre sentado, en el costado de la mesa que no da contra la pared, una mecanógrafa frente a su máquina de escribir, en frente a Berit y Agneta,  la madre de Berit y un hombre, entra un hombre viejo y pelado por la puerta que está detrás de la madre y anuncia que el señor Grunbach puede irse, que su presencia ya no es necesaria, gracias inspector dice el señor Grunbach, o sea el viejo y pelado es inspector de policía, antes de salir, Grunbach le pregunta a todos, o a sí, o más bien a Berit, por qué Astrud no dijo nada, no me habría afectado que tuviera un hijo, en un principio podemos pensar que es el padre de la criatura abortada, pero después comprendemos que es un hombre más bien mayorcito y que por lo tanto es el padre de Astrud, ahora es noble y valiente, porque todo acabó, pero habría que ver si habría sido así de comprensivo si Astrud le hubiera ido con el problema, el Señor no da y el Señor nos quita, agrega poco compungido, siempre supe que mi hija, ahí está, lo dijo, no hay más confusión, retomo sus palabras, estaba destinada a la desgracia, nunca me dio ninguna alegría, quizá sea lo mejor, dice el muy hipócrita, les agradece a todos por la amabilidad y sale, el inspector viejo y pelado le pregunta a Berit si le da el nombre de la abortista, Berit no dice esta boca es mía y Agneta le pregunta si es consciente del significado de su silencio, Berit sigue muda, los asesinos deben estar en la cárcel, declara el inspector, y esa abortista mató a su amiga y usted ¿quiere protegerla?, le hace la psicológica el inspector, como respuesta Berit cuenta que conoció a una chica de buena familia que abortó con la ayuda del Consejo de Salud y un cirujano bien celebrado, ¿y eso que tiene que ver?, pregunta Agneta, para estos tiempos es obvio a qué se refiere Berit, pero en esos tiempos había que aclararlo, aunque pareciera que se los subraya, por eso Berit dice que los que no tienen medios, deben conseguirlo de algún modo, ¿con estas consecuencias?, ironiza el inspector pelado y viejo, es el riesgo que corren, añade Berit, debemos estar agradecidas de contar con ayuda, la madre de Berit la interrumpe, pero no hay discusión entre madre e hija porque el inspector la evita y le pregunta a Berit si no hubiera sido mejor tener el bebé, no lo sé, dice Berit con sinceridad, el inspector quiere saber ahora, quizá porque está viejo y pelado, si Berit no habría hecho lo mismo, sí, dice Berit, con sinceridad, todos reaccionan como si hubiera dicho una barbaridad, la madre se pone de pie, va hacia donde está Berit y comienza a zamarrearla, mientras le grita: puta, puta, el inspector con su autoridad de hombre viejo y pelado, le dice que se calme o que la sacará de la sala, Agneta la acompaña a la salida, la madre llora cual magdalena, el inspector le da la palabra a Agneta, que le propone a Berit que si dice el nombre de la abortista, arreglarán las cosas de modo que no infrinja la ley, Berit no le cree y menos cuando le dice que dan su palabra de honor, Berit sigue en sus trece y todos liberan el cansancio que sienten, el inspector va a la ventana a descansar su vejez y peladez, la mecanógrafa se agarra la cabeza, Agneta pide un cigarrillo y Berit se yergue en la silla, triunfal y a la vez derrotada, el inspector aclara que moralmente no está ofendido de ninguna manera por la actitud de Berit, pero que lo enoja la estupidez, Agneta le dice que su obstinación le costará al menos tres años de confinamiento en otro reformatorio, o que quizá esta vez ya le toque la prisión, están en un punto muerto, por eso el inspector dice que ya está bien, que la cuestión siga su curso y que sea lo que sea, hace entrar a una mujer a la que llama hermana, aunque esta no vista ningún hábito, a menos que se considere como tal a un conjunto sencillo de falta entubada y larga, blusa con moño y saco, la mujer se lleva a Berit, pero cuando están por enfrentar el pasillo con ventanas que profundiza el encierro, Berit se da por fin cuenta de que si no dice nada, el confinamiento comienza en ese instante, por eso, se dirige tanto a Agneta como al inspector cuando anuncia que hablará, todos retoman sus lugares alrededor de la mesa y la mecanógrafa comienza a teclear. Ahora vemos que Berit regresa a casa de su madre, cuando sube la escalera se topa con Gösta que la espera durmiendo la mona, él farfulla entre dientes y ella no entiende, Gösta le está pidiendo perdón por ser un idiota, Berit, como es su costumbre cuando le dicen algo lindo, comienza a llorar plañideramente, Gösta le pregunta si lo extraño, claro que sí, dice Berit y todos coincidimos, porque hay amor del bueno en los ojos de Gösta y esas cosas no se dejan pasar así como así, no se besan, lo que nos genera más tensión, porque no nos libera de las ganas del reencuentro, se ponen a planificar una fuga, Gösta dice que tiene un amigo que los puede ayudar, Berit se hunde en el pecho de Gösta ¡a llorar! Pasamos a un muelle con vías por donde van, de traje, Gösta, su compañero de la pensión, bien de sport y sus otros dos amigos, uno de camisa y gorra y otro de saco de diario, el compañero de la pensión dice que se ocupará e le pregunta en un alemán de cocoliche al pibe que barre la cubierta de un barco pequeño si está su padre, el chico al que calificaron de holandés, entendió la pregunta de todos modos, va y llama al padre, aparece un hombre maduro con gorra y pipa de rigor, aparece también una mujer seguida por uno rastra de chicos, el compañero de la pensión le pregunta si habla en inglés, por suerte el capitán lo hace y para alivio del compañero de pensión pueden seguir conversando en el idioma de Shakespeare, le pregunta al capitán si pueden llevar a un chico y una chica, el capitán se da cuenta de que se trata de una salida ilegal de Suecia, les dice que los puede dejar en Amberes, que pasen a arreglar, por eso Gösta se adelanta y se pierde en el jardín de infantes que es el barco, el capitán y la mujer son muy prolíficos y no dejan de darse el gusto y de darle hijos al mundo, puntos suspensivos, ahora vemos que Gösta regresa con sus tres ángeles de la costa y que Berit lo espera, Gösta la toma por los hombros y se con ella, los otros tres se quedan conversando, Gösta le cuenta a Berit que está todo arreglado, que si el mar está tranquilo, se irán mañana mismo, Berit quiere saber si es caro y Gösta le dice que lo que valen esas cosas, Berit le dice si no se está arrepintiendo, él le pregunta por qué se le ocurre semejante cosa, porque de repente te callás le dice ella y él le dice que no se puede estar hablando todo el tiempo, es extraño fugarse así, dice Berit, ya lo hiciste antes, le recuerda Gösta y agrega que hace un año estaban peor y que todo por lo que han pasado tendrían que pensar con más prudencia, Berit que lo captó al vuelo, le pregunta si lo que quiere decir es que irse es absurdo, él se lo niega, pero es claro que es eso lo que quiso decir, siguen caminando y llevan a un banco que oficia de parada de autobús, detrás se ve a niños jugar, Berit toma un gatito que estaba debajo del banco, Berit dice que hay muchas cosas que no se resolvieron todavía, sí, dice Gösta y enumera: la supervisión, tu madre, mi trabajo, toda clase de preocupaciones, es demasiado para nosotros, aclara Berit, pero estamos juntos, no como antes, insiste Gösta, Berit vuelve a su cantinela de que no vale nada, Gösta la toma del brazo y le afirma que para él, sí, ella se llena de esperanza, algo me dice que huir sería una locura, concluye él, quizá no nos arrestarán, pero sería estúpido huir, los dos se sorprenden de coincidir en la inutilidad de la fuga, no es más difícil para vos de lo que es para mí, dice Gösta, estoy más acostumbrada, lo espolea ella, se ponen de pie y caminan por el muelle de cara al mar, de verdad quiero hablar con toda esa gente, dice él, ¿con la asistenta social?, pregunta ella, sí, dice él y con tu madre también y con la abuela del diablo si tengo que hacerlo, con brío Gösta la toma por los brazos y le dicen con certeza: quedémonos, presiento que tenemos que quedarnos, ella se lo confirma: será difícil pero lo intentaremos, no nos rendiremos, agrega ella, la gente como nosotros no se rinde, dice él, y ya llega el verano, agrega ella, y comienzan a caminar y correr por un largo puente, se pierden entre los autos que ganan el primer plano, la música sube con esperanza, la amplia toma final muestra una hermosa ciudad en un bello día de sol. Fin.



Continuará 

Gustavo Monteros

jueves, 26 de abril de 2018

Mi vida con Bergman - Capítulo 13


Bergman le atribuye al vicio del juego del productor Lorens Marmstedt el que haya insistido en comisionarle otro film después de Llueve sobre nuestro amor y Barco a la India. Ingmar dice que Lorens era un jugador profesional capaz de insistir toda una tarde con el mismo número en la ruleta y que por eso persistió con él. Eso sí, esta vez Lorens estableció algunas claras condiciones, primero, que en lugar de hacerlo para Folkbiografer, compañía que había producido los dos films anteriores y en la que Marmstedt era asesor, lo hicieran esta vez para la propia compañía de Lorens, Terrafilm, segundo, que convenía que resultase en un éxito, modesto si se quiere, pero éxito al fin, sino los días del Bergman director de cine estarían contados y su incipiente carrera habría terminado sin pena ni gloria, y tercero, era la novela que le proponía o nada.


La novela en cuestión, Música en la noche, había sido publicada con gran éxito en 1946, la había escrito Dagmar Edqvist y trataba sobre las penurias de un músico ciego. Lorens Marmstedt  le olfateó posibilidades cinematográficas y se aseguró los derechos para cine.  Bergman la leyó, cuando Lorens Marmstedt se la propuso y la odió. Intentó convencer a Lorens de que le ofreciera otra cosa, Marmstedt que había previsto tal situación y que ya le había advertido que era eso o nada, se mantuvo en sus treces. Bergman se avino a conocer a la autora, Dagmar Edqvist, que para sorpresa de Bergman, le resultó una mujer adorable, cálida, divertida, inteligente, muy femenina y hermosa (téngase en cuenta la época, estos últimos dos adjetivos en tiempos de feminismo activo son políticamente muy incorrectos). Resolvieron que juntos escribirían el guión, en los dichos al menos porque en los créditos del film, la autora aparece sola, aunque ocasionalmente hay líneas muy bergmanianas.


Se filmó entre el 1 de noviembre y el 30 de diciembre de 1947 y se estrenó el 17 de enero de 1948. Bergman confiesa que de su filmación lo único que recuerda es que se repetía como un mantra “Que no tenga partes tediosas, que sea entretenida, que no tenga partes tediosas, que sea entretenida”. Se exhibió en el Festival de Venecia de ese año, o sea el 48 y en líneas generales fue bien recibida por crítica y público. Y por suerte cumplió con lo Marmstedt ambicionaba, tuvo un éxito discreto que aseguró la continuidad de Bergman como director de cine.


Y fue la segunda y última colaboración entre Bergman y la actriz Mai Zetterling que gracias a la presentación del film en Venecia logró que su carrera alcanzara proyección internacional.


Primordialmente en Inglaterra, donde Hets (el film de múltiples subtítulos porque según el país se llamó El sádico, Tormento, Tortura, Frenesí, Manía) tuvo tanto éxito que hasta llegó al teatro de la mano de Peter Ustinov curiosamente en 1948 el mismo año en que se distribuyó Música en la noche.


Debutó con el protagónico en Frieda (Bail Dearden, 1947) un drama bélico en el que también estaban David Farrar, Glynis Johns y Flora Robson. Desarrolló un modesto éxito como una sex symbol, lo que la llevó a coprotaginizar con los galanes de los primeros años de la postguerra, en papeles dramáticos casi siempre, estuvo con Dennis Price en The Bad Lord Byron (David MacDonald,1949), Dirk Bogarde en Blackmailed (Marc Allégret,1951), Herbert Lom en The Ringer (Guy Hamilton,1952), Richard Widmark en A Prize of Gold/Atraco en las nubes (Marc Robson,1955), Tyrone Power en Seven Waves Away/El mar no perdona (Richard Sale,1957), John Gregson en Faces in the Dark (David Eady,1960), William Sylvester en Offbeat (Cliff Owen,1961), y Stanley Baker in The Man Who Finally Died/El hombre que murió tres veces (Quentin Lawrence,1963). También se destacó en la comedia, por ejemplo como la tercera en discordia de la pareja de Peter Sellers y Virginia Maskell en Only Two Can Play(Juego para dos (Sidney Gilliat,1962). (Si no hay títulos en español es porque no se estrenó en Argentina)
Zetterling se casó con el actor noruego Tutte Lemkow en 1944 con el que tuvo dos hijos, Louis y Etienne, y del que se divorció en 1953. Y antes de casarse con el escritor David Hughes en 1958, tuvo un apasionado romance con Tyrone Power, tan trascendente fue, que el capítulo que le dedica en su autobiografía (All those tomorrows, 1985) se llama Tyrone, el magnífico.


A mediados de los sesenta Mai probó su mano como directora de cine en proyectos que consideraron bergmanianos por temas y estilos.


Como el drama sexual Älskande par / Loving Couples  (1964) que transcurre en Estocolmo en 1915. Tres mujeres, Agda, Adele y Angela están a punto de dar a luz en una clínica. Recuerdan su pasado, en especial las circunstancias que las llevaron a la situación en la que se hallan. Agda es una mucama embarazada por un joven de la clase media, a la que no le quedó otro remedio que casarse con un artista homosexual. Adele es frígida y el bebé que espera es prácticamente el resultado de una violación que sufrió por parte de su marido. Y Angela, una joven aristocrática espera el bastardo de un casanova cincuentón. Y para subrayar aún más el paralelismo con el universo Bergman, el director de fotografía es Sven Nikvist y casi todo el elenco trabajó en algún momento con Ingmar tanto en el cine como en el teatro.


Nattlek (Night Games, 1966) se centra en la represión y la decadencia sexual, Jan (Keve Hjelm) lucha contra su impotencia (literal y simbólicamente) y es atormentado por los recuerdos de su infancia desgraciada en un decadente castillo suizo.


En Doktor Glas (1968), el protagonista enfrenta complicaciones éticas cuando Helga Gregorius, le pide ayuda para evitar que su distinguido marido, el pastor Gregorius tenga sexo con ella.


En Flickorna (The girls, 1968) tres actrices en gira con Lysistrata de Aristófanes (famosa obra en la que las mujeres hacen huelga de sexo hasta que sus maridos no paren la guerra) hallan que paralelismos entre la obra y sus vidas no son solo posibles sino que son también graves.


Todas estas películas fueron muy controversiales, incomprendidas y en más de un sentido se adelantaron a su tiempo. Todas contaron con la colaboración del marido escritor, David Hughes, de quien terminaría por divorciarse en 1979.


Y unos pocos años antes de que un cáncer la diezmara en 1994, su carrera como actriz reverdeció cuando fue la contrafigura de una histrionísima Angelica Huston en La maldición de las brujas (The witches, Nicolas Roeg, 1990). En ese mismo año de 1990 tuvo también un pequeño papel en una recordada película de Ken Loach, Hidden Agenda / Agenda secreta, protagonizada por la magnífica Frances McDormand, Brian Cox y el personalísimo Brad Dourif.


Y entre sus antecedentes en la comedia dejé de lado a propósito para destacarlo ahora su trabajo en una comedia de Danny Kaye Knock on Wood (Agárrame si puedes, Melvin Frank, Norman Panama, 1954) gran recuerdo de mi infancia.


No sé si Mai Zetterling e Ingmar Bergman tuvieron después un trato fluido, pero es extraño que dos personas que vieron potenciadas sus carreras por trabajos en común no volvieran a trabajar juntas. Hets, si bien tiene solo guión de Bergman ya que fue dirigida por Alf Sjöberg, siempre se consideró que era más de Bergman que de Sjöberg, quizá porque se la vendió como la revelación en cine del geniecillo del teatro que despertaba alabanzas y admiraciones. Como sea, les dio a ambos un espaldarazo internacional que Música en la noche, ahora sí con dirección de Bergman terminó por consolidar. Después de exhibirse en el Festival de Venecia, Mai pasó al estrellato internacional e Ingmar fue incluido en las listas de directores a atender. Atención que, como sabemos, pagó con creces. Metáfora que satisfaría la ludopatía del productor que los reuniría esta segunda vez, don Lorens Marmstedt. 

Eso sí, Bergman no desestimó el trabajo de Mai como directora. A lo largo de su vida, se le pidió a Ingmar que armara listas con sus películas internacionales favoritas, sobre sus mejores películas en su opinión, etc. En algún momento, cuando se le pidió una lista con las mejores películas suecas, incluyó Amorosa que Zetterling dirigió en 1986 y que trata sobre la vida de la novelista Agnes Von Krusenstjerna, en especial sobre el período de su turbulento matrimonio con David Sprengel, que incluyó internaciones en manicomios, entre otras delicias. Detalle no menor para que Bergman lo estimara es que el personaje de David Sprengel lo interpreta Erland Josephson, uno de sus actores más frecuentes y su amigo de toda la vida. 

Gustavo Monteros

Continuará

En la foto, Bergman es el primero de la izquierda, ella es Mai Zetterling, claro y a su lado el actor, Birger Malmsten.